Los niños son el público más exigente, comete un error y perderás su atención. Hablar a los más pequeños y no fracasar en el intento es una de las tareas más difíciles a las que un orador puede enfrentarse. Por supuesto, si eres profesor y lo vives cada día sabrás que no miento.

8 claves para hablar a tus alumnos

  1. Se breve y claro

Recuerda a quien hablas, cuanto más claro y conciso mejor. Es usual que los profesores en la inmensidad de nuestro ego nos adornemos con explicaciones preciosistas, pero a mí, que soy un niño:” ¿qué me estas  contando? Profesor no entiendo lo que estás diciendo.”

La capacidad de comprensión de un niño no es la misma que la de un mayor, adapta tu discurso a ellos, porque ellos no pueden adaptarse a ti para entenderte.

  1. Contacto visual

No pierdas de vista a tus alumnos, si lo haces ellos perderán la atención.

Si hablamos mirando al libro, a la pizarra, al suelo, a las mesas incluso a aquella grieta del techo del aula que hay que arreglar, no conectaremos con nuestros alumnos. Mira a tu público, reparte la mirada entre sus ojos. Inclúyelos en tu discurso. No olvides por que estás ahí. Estás hablando por y para ellos. 

  1. Aprovecha el silencio, ¿vale?

Cuando escuchamos una frase que acaba con un silencio de varios segundos, nuestras alarmas se encienden: “eh, cuidado, ha dicho algo importante”, y a partir de ahí reflexionamos sobre esa última frase seguida de un silencio. Sin embargo, en muchas ocasiones, los profesores acabamos, con un “ vale?” , “ ok?” , “entendido?” y muchas mas muletillas inútiles que tantas veces has oído. Se te pueden escapar alguna vez, no pasa nada, pero si las usas tras finalizar las frases importantes, tu mensaje se diluirá. 

  1. Yo digo ¿vale? Para saber si lo han entendido

No me engañes, tú sabes que están pensando tus alumnos solo con ver sus caras. Como nos cuenta en la web el arte de presentar, los rostros son el barómetro del interés de nuestro público.

Si tenemos en cuenta la reacción de la audiencia nos permitirá ajustar nuestra actuación. Explicar conceptos que sabes que no han quedado claros desde un punto de vista distinto, hablar mas despacio,cambiar tu lenguaje por uno más sencillo, etc.

  1. Subir y bajar volumen

No hables en voz alta, ni hables en voz baja, al menos todo el rato.. El volumen de tu voz modifica tu mensaje, y como supongo que tu mensaje no es siempre el mismo, ¿no debería ir cambiando el volumen de tu voz según el momento? Los cambios en la voz dan distintos matices  a tu mensaje, por el contrario si siempre es el mismo acabarás por aburrir.

Varía el volumen de tu voz durante tus clases. Por ejemplo usa un volumen bajo, cercano al susurro, para provocar curiosidad o uno más alto para enfatizar el punto mas importante. Prueba, experimenta con tu voz y observa a tu audiencia, ¿ qué te da a ti mejor resultado?

  1. Escucha si quieres aprender

Como nos dice Javier Megias, podemos aprender y mucho de los mas pequeños. Recuerda que eres profesor, no un monologuista durante una hora de clase. Imagina que tienes 8 años y que un profesor habla durante una hora sobre un tema te interesa poco y que no entiendes demasiado, ¿no desconectarías tras unos minutos?. Dejales participar, provoca que participen, que se sientan protagonistas, tus alumnos pueden aportar mucho a tus clases.

“Los niños no piensan en las limitaciones, a no ser que se los pongamos nosotros” Adora Svitak

Te dejo un video de Adora Svitak, sobre lo que los adultos pueden aprender de los niños

 

  1. Si yo quiero que hablen, pero se quedan callados.

Lo sé.  Pero háblales de algo que les guste y no podrás hacerlos callar. Como dice Bain: provoca que hablen. Relaciona el tema  con algo más apetecible. No significa que esto se convierta en el patio de recreo, pero intercalar algún pequeño debate, o participación de los alumnos, durante la clase no hará que pierdas tiempo, si no que ganes aprendizajes tú, los conocerás mejor, y tus alumnos al compartir lo que piensan.

  1. Si preguntas, y la contestación no es correcta, nunca digas” ¡mal!”

Cuidado al responder a las contestaciones de los alumnos. Si su respuesta es errónea no podemos “castigarle” diciéndole lo mal que lo ha hecho. Mejor indicarles que se puede mejorar pero felicitar por el intento.

Confía en los más pequeños, al fin y al cabo, son los dueños del futuro.

 

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